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Prisión, tortura y muerte: Retrato de una dictadura, por Morel Rodríguez Ávila

Venezuela
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La muerte del capitán de corbeta, Rafael Acosta Arvelo, que ha impactado a la opinión pública mundial, definitivamente es la muestra más significativa, cruel y dolorosa de la existencia en Venezuela de una dictadura. En así calificar al gobierno del presidente Maduro coinciden analistas, periodistas, abogados, el liderazgo que defiende la vigencia de los derechos humanos en los cinco continentes y, sobre todo, el pueblo venezolano.

Es una pena, y cualquiera diría que evidencia miedo, que tanto el fiscal general como el titular de información, tan dados a condenar a cualquier opositor, presuntamente calificado de golpista, suministrando los más descabellados datos para fundamentar su detención, hayan guardado riguroso silencio sobre el asesinato del militar detenido a quien, lo aseguran su esposa y el abogado defensor, torturaron tanto en los tenebrosos calabozos del Dgcim, que no pudo resistir y se les murió prácticamente a la salida del tribunal en donde sería juzgado.

Las autoridades se limitaron a informar de su deceso, prometiendo una averiguación que dictamine la verdad de lo ocurrido, y aunque pareciera haberse detenido a dos funcionarios, sin embargo sobre el hecho oficialmente la información es tan altamente sospechosamente como  escueta. Se espera que las resultas determinen la verdad verdadera y no ocurra lo de siempre, que el silencio termina cubriendo el crimen.

Los venezolanos lamentamos que  la prisión, la tortura y la muerte sean, en tiempos de este gobierno llamado revolucionario, características muy principales de la persecución y encarcelamiento constante que el régimen cívico-militar rojo perpetra contra los opositores. Los organismos internacionales que velan por la paz y por la vida de pueblos y naciones, tienen una prueba más que certifica la represión oficialista que en el país se perpetra diariamente contra los que no quieren, rodilla en tierra, someterse a los designios de los que gobiernan sin respeto alguno por la pluralidad, la constitución y la vida misma de los ciudadanos.

De la señora Bachelet se espera una declaración  definitiva sobre lo que sucede en Venezuela, aunque lo que ella vio durante su visita fue lo que el gobierno del presidente Maduro quiso viese y no lo que sí debía haber visto.  Lo cierto es que, en materia represiva y sus resultados fatales, el gobierno revolucionario  va en ruta, muy directa, de ser comparado o igualado a muchos regímenes que, en el caso latinoamericano en exclusiva, sobrepasaron los límites. Doloroso reconocerlo e imposible aceptarlo.

Un gobierno que a cada rato publicita ser pacifista, democrático, que vela por la dignidad de la gente y afirma defender la vida, o está mintiendo descaradamente o es uno que considera a los venezolanos ciegos o estúpidos. Son ya muchos los presos políticos muertos por efectos de la tortura, situación confirmada por algunos jefes militares que dirigieron cuerpos de seguridad y lograron huir al exterior.  

El nombre de  Rafael Acosta Arvelo será tenido en cuenta por la opinión pública como uno de los casos más emblemáticos, prueba irrefutable de que, en el gobierno del presidente Maduro, la prisión, la tortura y la muerte, se reitera, son banderas lamentablemente izadas en los edificios donde se asientan los organismos que persiguen a la oposición democrática.

@MorelRodríguezA