Tecnología

El cerebro del bolsonarismo muere tras contraer Covid

Olavo de Carvalho fue un personaje que parecía sacado de la imaginación del libro  La literatura nazi en América  de Roberto Bolaño. Como Luiz Fontaine de Souza, el personaje fascista brasileño inventado por Bolaño , Olavo de Carvalho fue autor de un número abismal de libros con títulos delirantes y sin ninguna credibilidad académica. Entre los más peculiares cabe citar uno de los mas famosos a título de Ilustración, “Lo mínimo que usted necesita saber para no ser un idiota”

Compartir Twittear Compartir Imprimir Enviar por mail Rectificar

El gurú fascista de Jair Messias Bolsonaro, Olavo de Carvalho, ha muerto tras contraer el Covid. Olavo, como lo llaman sus seguidores, era un negacionista de la pandemia y un antivacunas empedernido y consecuente. Tras su muerte, Bolsonaro dijo que “había despertado a muchos” y lo presentó “como uno de los más grandes pensadores de nuestro país y un filósofo”.  No era nada de esto. Olavo de Carvalho era un propagandista, gran enemigo de la democracia brasileña y latinoamericana y una fiel muestra de que vivimos en tiempos de crisis donde las ideas y las mentiras más disparatadas ocupan el centro de la escena política mundial.

Olavo de Carvalho fue un personaje que parecía sacado de la imaginación del libro  La literatura nazi en América  de Roberto Bolaño. Como Luiz Fontaine de Souza, el personaje fascista brasileño inventado por Bolaño , Olavo de Carvalho fue autor de un número abismal de libros con títulos delirantes y sin ninguna credibilidad académica. Entre los más peculiares cabe citar uno de los mas famosos a título de Ilustración, “Lo mínimo que usted necesita saber para no ser un idiota”.

Sus libros lo consagraron. Las ilusiones de grandeza de este agitador con pretensiones intelectuales, encandiló a un gran numero de aficionados. Steve Bannon, por ejemplo, dijo que “Olavo es uno de los grandes intelectuales conservadores del mundo”. Para explicarlo en términos estadounidenses, el “intelectual” brasileño representa una combinación entre Bannon y Stephen Miller, pero más atrevido y esotérico.

Olavo se presentó como un outsider académico, aunque nada de lo que dijo tenía rigor científico. Básicamente, casi nada era cierto. Además de ser un profundo discriminador de la diversidad era terraplanista y negaba el cambio climático. Odiaba a Albert Einstein, Galileo Galilei y aún más a Isaac Newton. Además de partidario de Donald Trump, era un entusiasta de la invasión del Capitolio, que describió como una lucha del pueblo contra una élite globalista y comunista. 

Entre algunas de sus más destacadas declaraciones afirmó que Biden era un “retardado mental” y que Kamala Harris era una agente del Partido Comunista Chino. Llegó a decir que “ni Mussolini imaginó que en el futuro el fascismo se vería reducido a defender el ano” y por si fuera poco, advirtió que la Pepsi Cola se fabrica con células de fetos humanos. 

¿Cómo puede ser que un personaje tan grotesco como Olavo haya tenido tanta influencia en Brasil y el mundo? Olavo de Carvalho fue el líder intelectual de una nueva generación de militantes y políticos de la extrema derecha brasileña. Si bien su estilo se caracterizó por el enfrentamiento diario, incluso con antiguos y recientes aliados como el extremista de derecha ruso Alexander Duguin, sus ideas constituyeron la principal guía ideológica para la construcción de la campaña electoral y del gobierno de Jair Bolsonaro

Con el inicio del actual gobierno brasileño se hizo patente la presencia de sus seguidores (o si se quiere, sus discípulos) en cargos estratégicos, como los Ministerios de Educación y Relaciones Exteriores. Inclusive la Fundación Palmares, originalmente diseñada para promover la educación y la cultura afrobrasileña, fue convertida en un frente para la persecución del movimiento afrobrasileño. 

Estos espacios fueron estratégicamente ocupados por creyentes en busca de una guerra cultural contra supuestos enemigos de las ideas defendidas por Olavo de Carvalho, basadas en preceptos reaccionarios, antiilustrados y de clara temática fascista. Teorías conspirativas como el “marxismo cultural”, el “globalismo” o incluso la negación y relativización de la Esclavitud o la defensa de la Inquisición, se han convertido en un componente de agitación y propaganda de militantes y miembros del gobierno brasileño que buscan proponer un nuevo modelo de identidad nacional, fundamentado en valores cristianos fundamentalistas. 

Si bien Olavo de Carvalho incorporó ideas y tendencias de sectores radicales como la efervescente derecha cristiana norteamericana desde las décadas de 1980 y 1990, la cosmovisión conspiracionista, jerárquica y, no pocas veces, abiertamente antidemocrática ha revivido tradiciones de organizaciones históricas de extrema derecha y del fascismo brasileño.

No sorprende, por tanto, la similitud entre algunos intelectuales fascistas como el integralista Gustavo Barroso, cuyas ideas circularon en sectores fascistas, religiosos y militares en el Brasil del siglo XX. Fueron los medios cercanos a Olavo de Carvalho, incluso, los que sirvieron de espacio para la celebración de simbologías fascistas como la “versión brasileña” de Joseph Goebbels, encarnada por Roberto Alvim, entonces secretario de Cultura de Bolsonaro.

La frase “Olavo tiene razón”, tan cercana a la mussoliniana, “Il Duce ha sempre ragione”, estampada en camisetas y carteles en manifestaciones callejeras, fue otra de las consignas olavistas invocando la tradición fascista. Al retomar parte de estas ideas —y llevarlas al campo político nacional— Olavo de Carvalho y sus seguidores también reivindican una larga tradición del pensamiento político brasileño y latinoamericano que trata, desde sus mitologías, a la política como campo de batalla permeado por acciones persecutorias contra los enemigos políticos. 

Desde estas categorías, la política se convierte en arma e instrumento de los procesos de fascistización de los populismos de derecha. Su legado, que sin duda será objeto de disputa entre sus más destacados seguidores, fue dar protagonismo a sus ideas de extrema derecha. No fue un pensador original, sí un difusor del absurdo y de disparates autoritarios que, sin embargo, fue aplaudidos por muchos brasileños. 

Ha muerto un gran enemigo de la democracia, pero sus ideas, que ya pertenecen a la larga historia del fascismo latinoamericano, seguirán vivas.

*La versión original de este texto salió en Clarín, Argentina.

Federico Finchelstein es profesor de Historia de New School for Social Research (Nueva York). Fue profesor en Brown University. Doctor por Cornell Univ. Autor de varios libros sobre fascismo, populismo, dictaduras y el Holocausto. Su último libro es “Brief History of Fascist Lies” (2020). Odilon Caldeira Neto es historiador, profesor del Departamento de Historia de la Universidad Federal de Juiz de Fora y coordinador del Observatorio de la Extrema Derecha. Es autor de varias publicaciones sobre el fascismo, el neofascismo y la extrema derecha. Su libro más reciente es “El fascismo en camisas verdes” (2020, con Leandro Pereira Gonçalves). www.latinoamerica21.com , un medio plural comprometido con la divulgación de información crítica y veraz sobre América Latina. Síguenos en  @Latinoamerica21

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador .