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“Es inaceptable la apatía de la sociedad europea ante la guerra”, dice la analista internacional Susana Mangana

-¿Piensa que Rusia podría seguir avanzando a otros países?

Rusia tendría que tener una osadía muy importante para hacer eso, aunque de alguna manera ya está desafiando a la UE y a la OTAN. Tenemos a los países bálticos que están pidiendo que se aplique el artículo 4 de la OTAN (“las Partes se consultarán cuando, a juicio de cualquiera de ellas, la integridad territorial, la independencia política o la seguridad de cualquiera de las Partes fuese amenazada”) y Finlandia está considerando si pide el ingreso -o no- a la OTAN. Hay un temor de una agresión de Putin a otros países vecinos, que no podemos desconocer, ni ser naif como para pensar que eso no puede suceder

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Susana Mangana es analista internacional e investigadora doctoral en el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad de Deusto, España, y directora de la Cátedra del Islam del Instituto de Sociedad y Religión de la Universidad Católica del Uruguay ( UCU ). Mangana acompañó en viajes presidenciales a Oriente Medio al entonces mandatario Tabaré Vázquez (2007-2008) y a Palestina y Jordania al ministro de Relaciones Exteriores, Luis Almagro (2014). Es considerada una voz fuerte en análisis internacionales y de integración. Desde Bilbao, España, la profesora da su visión sobre lo que está pasando en Europa ante la guerra en Ucrania , y aporta un análisis de la misma.

-Ante la situación de guerra en Ucrania, ¿qué ambiente hay en Europa, y específicamente en España, donde usted se encuentra en este momento?

-El ambiente es de apatía social, de despreocupación de lo que ocurre más allá de las fronteras de la Unión Europea . Percibo mucho desconocimiento por parte de la gente joven, no han seguido el hilo de los acontecimientos internacionales de esta invasión de Rusia a Ucrania. Las personas de unos 40 años hacia arriba sí recuerdan la anexión de Crimea en 2014, pero no puede ser que países que se han erigido como el adalid de los derechos humanos, cuando no les toca directamente, no escuchan los tambores de guerra de otros lados. Es inaceptable el desinterés de las sociedades europeas de lo que está ocurriendo en Ucrania y Rusia. Si nos acercamos a Europa del Este, esto cambia y mucho, porque la preocupación en esos países ya es de larga data y conocen más la determinación de Putin.

-¿Considera que el fracaso de las negociaciones para evitar la guerra responden a la debilidad de la coalición occidental, o a qué factores lo atribuye?

Hay una falta de consenso a nivel de la Unión Europa, eso es evidente y patente, y lo sabe Putin , quien quiere demostrarle a la UE que hay consecuencias graves si sigue coqueteando con países que antaño pertenecían a la Unión Soviética, que son independientes ahora pero siguen teniendo una dependencia de seguridad, económica y comercial importante con Rusia, como Bielorrusia y Ucrania, pero también Kazajistán en Asia Central. En la UE estamos echando en falta el liderazgo clave que supo tener una mujer como Angela Merkel. Macron lo ha intentado, pero no ha logrado hacer entrar a Rusia en razón. Las cancillerías europeas pero también Estados Unidos debían haber conversado de otra manera, para hacer entender realmente que la guerra solo trae desgracias para todos.

-¿Cómo ve la situación actual?

Ahora no podemos agachar la cabeza y dejar de lado una realidad: los ucranianos tienen que salir de sus casas, muchos de ellos no residen en el Donbass, pero están atemorizados en otras ciudades. A esta altura, después de muchos bombardeos en pocas horas, los ucranianos han tomado sus coches para dirigirse a la primera frontera que se les abra y salir del país, otros están en las bocas del metro o desorientados sobre adónde ir. Sobrecoge la situación, las imágenes que llegan desde Ucrania. El pueblo ucraniano no va a poder resistir por mucho tiempo la agresión de una superioridad militar muy clara de Rusia.

-¿Qué se ha aprendido de situaciones de guerra anteriores, qué falló para evitar esta?

-¡Qué poco hemos aprendido de otras guerras cercanas en el tiempo, desde la de los Balcanes a la de Siria o Yemen! O incluso la de Georgia y Osetia del Sur, donde también Putin envió tropas de Osetia a Georgia y ya había mostrado su modus operandi. Esto en Ucrania tendría que haber sido evitado por organismos como la ONU, pero también por la diplomacia occidental, que ha fracasado.

-¿Esto habla de la debilidad de las instituciones?

-No es posible que en el siglo XXI, con la arquitectura de organismos internacionales que nos hemos dotado los países, sobre todo occidentales, no se haya evitado esta guerra en Ucrania. No ha lugar a que Rusia reconozca unilateralmente la independencia de cierta parte del territorio o de algunas provincias del Donbass, donde hay personas que quieren ser parte de Rusia. No ha lugar.

-¿Piensa que Rusia va a sufrir fuertemente las medidas económicas en su contra, o no tanto?

-La economía rusa se va a resentir, por más que ha ido diversificando para reducir la dependencia del dólar y tiene otras alianzas, incluso con algunos países de América Latina, que pueden ser menores en la esfera internacional, pero cuentan, como Cuba, Nicaragua, Venezuela. También con Pakiskán. El jueves pasado el primer ministro de Pakistán almorzó con Putin. Al prohibírsele a Rusia el acceso a material sensible para la tecnología puntera que necesita para seguir siendo una potencia mundial o el cierre del gasoducto Nord Stream 2 con Alemania, todo eso va a morder la economía rusa. Y en esa situación, hay que ver cuánto va a aguantar con su invasión a Ucrania.

-¿Qué puede seguir de ahora en más?

-Con cada uno de los conflictos bélicos hay un reguero de migrantes, de desplazados internos y de refugiados que otra vez tocan la puerta de Europa. No podemos hacernos los desentendidos y decir que no sabíamos que esto iba a ocurrir. Hubo demasiadas señales de Putin.

-¿Piensa que Rusia podría seguir avanzando a otros países?

Rusia tendría que tener una osadía muy importante para hacer eso, aunque de alguna manera ya está desafiando a la UE y a la OTAN. Tenemos a los países bálticos que están pidiendo que se aplique el artículo 4 de la OTAN (“las Partes se consultarán cuando, a juicio de cualquiera de ellas, la integridad territorial, la independencia política o la seguridad de cualquiera de las Partes fuese amenazada”) y Finlandia está considerando si pide el ingreso -o no- a la OTAN. Hay un temor de una agresión de Putin a otros países vecinos, que no podemos desconocer, ni ser naif como para pensar que eso no puede suceder.

-Ante la invasión rusa en Ucrania, ¿cómo queda el posible ingreso de Ucrania a la OTAN?

-Los países miembros de la OTAN han negado que ese tema estuviera sobre el tapete de negociación. Sí es una aspiración del presidente Zelenski, pero se encuentra con la resistencia de Rusia, que busca frenar esas pretensiones. Putin entiende que la invasión a Ucrania le trae más beneficios que riesgos, o es muy osado y ha hecho un error de cálculo, o la alianza occidental no ha sabido demostrar fortaleza ni una posición consensuada.

-¿Cuenta con esa fortaleza como para poder demostrarla?

-La política exterior de la UE en materia de seguridad y defensa es un flanco débil. Ya en la década de los 90, con la guerra de los Balcanes y de la extinción de Yugoslavia se demostró eso, y ha continuado siendo así. El propio Obama y también Trump le exigían a la UE que le destinara más presupuesto a su seguridad, lo que no ha ocurrido. Y todo eso es apreciado por los rivales, entre ellos Putin.

-Otro frente de la avanzada rusa sería el Sahel de África, ¿qué piensa al respecto?

-Lo que mueve a Putin es obtener posicionamiento geoestratégico. Entonces, va a avanzar allí donde encuentre una rendija por la cual colarse. Lo hizo en otros conflictos. En el Sahel hay una suerte de milicias que han sido armadas por distintos países y conglomerados de intereses para seguir manteniendo una zona muy inestable, pero también rica en recursos naturales. Es apresurado decir que Putin tiene interés allí hoy, lo que sí quiere jugar es a ser una potencia -ya lo es, militarmente hablando- pero también en torno a la cual se configure el orden mundial, con las nuevas tecnologías y otros componentes de las guerras híbridas, en las que se combinan los ciberataques con mercenarios, a la vez que se hackean cuentas de bancos o mails de las personas influyentes en los países que se quieren doblegar.

-¿Cómo queda América Latina en esos movimientos de ajedrez de las grandes potencias?

-Si el conflicto bélico va tomando más cuerpo y escala, muchos países van a sentir que deben tomar posición. Hay que informarse bien. En Colombia, por ejemplo, se corrió el rumor -luego desmentido por el gobierno- de que iban a enviar tropas a Rusia para defender a los ucranianos, con lo que los colombianos expresaban en las redes sociales, poco menos que perplejos, que apenas lo podían creer. Pero sí podrá haber una mayor presión para que los países de la región, y del mundo, tomen posición.