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¿Hacia dónde vamos?

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El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador .

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Sobrellevamos un temporal, un vendaval de incertidumbres que nos tiene perplejos. Lo demás es música, digamos, melodiosamente, para empezar. Y nos preguntamos ¿hacia dónde vamos?Desconcierto total, agotamiento electoral elegantemente enmascarado de surmenage, como le decíamos los viejos a la “depre”, al trabajo excesivo. No queremos ver noticias ni leer portadas de diarios que nos atropellan con violencia, nos chocan con encerronas, nos disparan con asaltos y nos acribillan sacrificándonos, suprimiéndonos finalmente. Hacia dónde, ¿vamos entonces… al camposanto? Que de santo, poco le queda y de campo, con la sequía, solo aridez extrema en la que sus moradores pudieran estar clamando por agua, pero ¡no!  Se comenta ya por largo tiempo que:  “Se han visto muertos cargando adobes”. Y extremo mis fantasías mortíferas y abrumadoras porque estamos agobiados, confundidos, seguimos polarizados y enemistados y de continuar así, en la intolerancia, en la falta de consideración al que piensa distinto, al que tiene la culpa de la intríngulis que mora en la casa de pensión en que hemos convertido a nuestro pobre país, si no abandonamos prontamente esta ruta colmada de extravíos…¿Hacia dónde vamos? Y aquí Machado nos sentencia: “Caminante, no hay camino”  y nosotros chilenos, no encontramos, ni entendemos que “se hace camino al andar”.  ¿Hacia dónde iremos entonces? El refrán: “Se han visto muertos cargando adobes” explica que se debe tener cuidado con pensar que algo se ha terminado aunque así lo parezca, que es necesario asegurarse bien y contar con la posibilidad de que ocurra lo improbable. No por miedo a los fantasmas o cadáveres portadores de ladrillos de barro es preciso estar de vuelta en todos los recodos de la vida, bajo el sol no hay novedades, aunque llueva; dejemos pasar el diluvio. Pues si con el triunfo del partido tal, cruzó la barrera del sonido de las antiguas aclamaciones y se pasó al otro lado, al que antes anatematizaba en sus peroratas y discursos, no se escandalice. Al fin, todo hombre tiene su precio. Conozca los tipos que nunca juegan a perder y ganan siempre llevando máscaras de principios y se oyen suspiros que cobran monedas, llantos que inundan ambiciones, iras, ansias de dominio. Pero ¡Vaya! ¡Si se han visto muertos cargando adobes!  Y aquella visión es verídica ya que en una de las actividades principales en el Reino de los Cielos, para irles preparando a todos los desamparados de este mundo sus habitaciones celestes, los muertos cargarían los adobes necesarios. Y a propósito del Reino de los Cielos, no habrá auténtica nobleza en el mundo mientras algunos matengan abismos sociales; con tales condiciones la civilización de mañana, el cristianismo, será más y más sal desvanecida. Pero te contestarán: siempre hubo pobres y males en el mundo; de qué podemos sorprendernos si se han visto muertos cargando adobes. Sobre lo mismo, dicho por los creyentes: Sí, es cierto. Pero esa visión extraordinaria se está alterando en los últimos tiempos: no todos cargan adobes; con la dirección del apóstol Santiago, los están disparando a la cabeza de los vivientes ricos: el horrible dolor que les produce se llama miedo al comunismo. Sí, es cierto. Y no soy comunista ni anticomunista. Tampoco cargaré adobes llegado mi turno.

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